Principios

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NUESTROS PRINCIPIOS

  1. Dignidad de la Persona Humana 
  2. La primacía del Bien Común                                                     
  3. La perfectibilidad de la sociedad civil.

1. Dignidad de la persona humana: el hombre tiene como fin una misión terrenal que cumplir en el plano histórico-temporal y una misión ulterior trascendente, ultra terrenal, que es la salvación del alma. Este fin trascendente o sobrenatural está fuera de la sociedad política y es independiente de ella.  Es el fin último y supremo de la sociedad de los hombres: DIOS. También coloca al hombre por encima de todo, de donde surge la obligación de todos, individuos y sociedades, de respetar la dignidad humana del hombre en su condición de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios.  Una organización familiar, profesional, económica, o que no responda a estos principios, terminará fatalmente por convertirse en una traba para la recta solución del problema social de acuerdo a la concepción social-cristiana: Todo esto dota al hombre de la primera plaza.  Es decir, el hombre tiene el primer rango o dignidad dentro de lo temporal.  Está en la cúspide de todas las categorías temporales.   Todo debe confluir a servirle para que él pueda realizarse.

2. La primacía del  bien común: ¨El hombre es para la sociedad y la sociedad, a la vez, es para el hombre¨.  Con esta fórmula se quiere expresar que la persona, en su conducta, se encuentra subordinada a la sociedad, representada principalmente por su autoridad legítima; que la sociedad existe para la persona y le está subordinada en el orden de los fines que persigue.  La sociedad es temporal, el hombre desenvuelve su vida en lo temporal pero está llamado también a un destino transcendente.  La persona es anterior y superior a la sociedad. Es anterior en relación al tiempo y a la historia y es superior en cuanto a su destino. Entre la persona y la sociedad puede existir colaboración y tensión.  La colaboración se refiere al presente mientras que la tensión está referida al impulso hacia al porvenir.  La sociedad alcanzará un orden auténtico en la medida en que logra un mejor equilibrio entre ambas fuerzas. Sin embargo, el Bien Común tiene un límite. El Bien Común siendo inmanente o temporal no es limitado ni absoluto.  La sociedad jamás puede exigirle al hombre el sacrificio de su personalidad, ni arrebatarle sus derechos naturales, ni pedirle que haga el mal, porque el Bien Común es algo moralmente bueno.  Por ello, no debe confundirse con el llamado Bien Común del Estado que es uno de los elementos del Bien Común Separado como lo llama Maritain. Los derechos naturales de la persona han de merecer respeto por parte del Estado, el cual debe integrar, sin anular, ni eliminar, a todas las otras sociedades (intermedias entre el Estado y el individuo) y las iniciativas privadas que tiendan a favorecer la perfección de la persona humana.  Si se actúa de otro modo, no puede ser alcanzado el Bien Común.  Finalmente, es conveniente observar que desde el punto de vista de las relaciones sociales, el Bien Común es un fin, pues los actos de naturaleza social hacía él, tienden a agotarse en la vida terrestre o temporal; pero visto desde el ángulo del destino final del hombre, el Bien Común es un medio, porque contribuye a que ese mismo hombre alcance su fin último y trascendente.

3. La perfectibilidad de la sociedad civil:a Sin lugar a dudas habría que comenzar por señalar qué se entiende por sociedad perfecta y al mismo tiempo qué es una sociedad imperfecta. Se entiende generalmente por sociedad perfecta aquella que, sin formar parte de otra sociedad, es plenamente suficiente en bienes y recursos para cumplir su finalidad.  La sociedad natural perfecta política o civil, es el Estado, para el desarrollo integral y armónico de la personalidad natural del hombre. La sociedad sobrenatural perfecta o religiosa es la Iglesia para el desarrollo completo de la personalidad sobrenatural del hombre como hijo de Dios, llamado a la bienaventuranza eterna.  Las sociedades imperfectas forman parte de otras sociedades más amplías a las cuales están subordinadas como la parte al todo y aisladamente no pueden alcanzar toda su finalidad específica.  Sociedades imperfectas son la doméstica o familiar, las profesionales, las económicas, las culturales, las deportivas y, además, las que pueda crear la voluntad libre del hombre en sus diversas actividades. Sin embargo, por muchos cambios de estructuras que se realicen en una sociedad civil, no es posible alcanzar la perfección absoluta.  Esto plantea la necesidad de cambiar las estructuras sociales y de irlas perfeccionando y acomodando de acuerdo al devenir histórico evolutivo de los pueblos.  Este principio conlleva al inconformismo con un status de permanente, y desde luego conduce la acción del hombre hacia una actitud revolucionaria.  Por ello el hombre cristiano tiene que ser por convicción un revolucionario que aspire a una completa transformación del mundo en que le toque vivir. Tiene que ser además inconforme porque su inconformismo es camino de perfección.  Su ideal tiene que ser el lograr un mundo mejor en donde exista una comunión espiritual de valores y una alegría particular de contenido humano: el goce comunitario.
 Funda las bases de la “Democracia Cristiana”, aspira ante todo a la búsqueda y la comunicación de la verdad, en la serenidad y el respeto a las convicciones de quienes no compartían las suyas"